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La magia de darse cuenta.

La magia de darse cuenta.

La magia de darse cuenta.

Seguro que alguna vez, o más de una, te ha pasado que sabes perfectamente que algo no funciona, pero sigues haciendo lo mismo de siempre. No te angusties, es algo muy humano; diría que a todas las personas nos ha pasado alguna que otra vez (o muchas)…

Sabemos, por ejemplo, que fumar perjudica seriamente a nuestra salud y, sin embargo, ese conocimiento no nos basta para dejarlo. Pues en las organizaciones pasa exactamente lo mismo: puedes tener todos los datos sobre la mesa y saber que tu equipo necesita más confianza, pero ese conocimiento racional no hará que mañana empieces a delegar de repente, por poner un ejemplo.

Y es que la información, por sí sola, no transforma nada. Diría más, el conocimiento no modifica el comportamiento.

Para evolucionar (y elijo esta palabra porque me parece una palabra más orgánica y natural que decir «cambio») no nos sirve con saber qué es lo que falla. Necesitamos activar otros mecanismos que nos permitan elevar nuestro nivel de conciencia. Este es, sin duda, el primer paso para poder abordar cuestiones que, hasta ese momento, nos parecían simplemente inviables.

Ya lo adelantaba hace un tiempo en este post: la toma de conciencia es el primer paso hacia la evolución. El verdadero reto es integrar esto en el día a día de un equipo, una organización o un sistema basado en relaciones.

Nuestro trabajo consiste en ayudar a que aflore lo invisible. Lo hacemos a través de herramientas que parecen sencillas, como la escucha y la conversación honesta. Y digo sencillas, que no simples. Ya sabéis que para mí lo sencillo es el resultado de un entendimiento profundo de la realidad, mientras que lo simple a veces peca de ignorarla.

Cuando el equipo logra por fin «darse cuenta» de lo que está pasando bajo la superficie, la realidad se comprende de otra manera. No es magia, es metodología sistémica: al elevar la conciencia, lo que antes estaba bloqueado empieza a fluir. De repente, ya no caminas sin rumbo. Sabes hacia dónde mirar y, de repente, ese problema que parecía insalvable empieza a mostrar opciones de solución.

Al final, lo que antes era inviable empieza a ser posible cuando nos atrevemos a mirar de frente lo que sucede.

Si sientes que algo en tu organización está atascado, quizás no necesites la herramienta técnica más compleja del mercado. A veces, solo hace falta parar, levantar la mirada y tener esa conversación pendiente que lo cambie todo.

¿Cuál ha sido tu experiencia con esto de darte cuenta como primer paso para evolucionar? Me encantará leer tus comentarios y generar una conversación.

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